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Algunas victorias valen más que los diez puntos que entregan para el Campeonato Mundial. Sobresalen en la estadística, funcionan como bisagras. Les abren la puerta a quienes esperan en el umbral de la consagración. El triunfo de Lewis Carl Hamilton en el Gran Premio de Alemania de Fórmula Uno, inicio de la segunda mitad de la temporada, fue uno de esos. Sólo hay que esperar que el tiempo le adhiera el rótulo.
Hamilton les ganó a todos, incluido su equipo. Cuando el ritmo sostenido -luego de haber partido desde la pole por tercera vez en el año- le había permitido construir una ventaja considerable, una docena de segundos después de cumplido el primer turno de paradas en boxes y cerca de la mitad de carrera, la neutralización del auto de seguridad llenó de interrogantes el desarrollo de la décima fecha. McLaren decidió mantener al inglés en pista cuando se abrieron los boxes y hubo detenciones masivas. Las Ferrari de Felipe Massa y Kimi Räikkönen pararon casi al mismo tiempo, una detrás de la otra. McLaren sólo convocó a Heikki Kovalainen, que se aseguró combustible hasta el final.
Mientras los auxiliares de pista juntaban los pedazos del desvencijado Toyota de Timo Glock, que cruzó la recta marcha atrás después del golpazo contra el paredón de boxes consecuencia de la rotura de la suspensión trasera en la última curva, los equipos sacaban cuentas sobre conveniencias estratégicas. La lectura superficial de la decisión tomada por los hombres de Hamilton apuntó un suicidio táctico. Haber dejado en pista al líder, aún con un repostaje pendiente, mientras los demás aprovechaban para detenerse durante la neutralización, obligaba al inglés a una hazaña no bien la carrera se reanudara: debía amasar una ventaja cercana a los 23 segundos y así parar sin perder el liderazgo.
El talento que le permitió florearse bajo el agua en Silverstone para enderezar el rumbo luego de dos carreras seguidas con errores y sin puntos afloró otra vez en la vuelta del Mundial a Hockenheim. Hamilton enmendó la falla de su equipo con tiempos abrumadores en cada giro -apoyado en el buen rendimiento del McLaren MP4/23, que parece haber dado un salto de calidad más largo que las Ferrari- y precisas maniobras de sobrepaso que sacaron a la carrera de cierto sopor.
Capaz de girar de siete décimas a un segundo más rápido por vuelta que Massa, el rival más temido y cercano en la segunda mitad de competencia, Hamilton estiró la ventaja pero no lo suficiente para detenerse en boxes y retornar en la punta. El subcampeón 2007 regresó a la fila detrás de su compañero Kovalainen, que no tardó en cederle el puesto. Con orden de equipo o sin ella, la velocidad del inglés era incontrastable. En tres vueltas atacó directamente a Massa, a quien superó por adentro en la cerrada curva de segunda marcha que sigue a la Parabolika. No permitió la recuperación del brasileño en el Motódromo: Hamilton lo corrió de la huella.
Si había podido con la Ferrari, el Renault del novato Nelson Angelo Piquet sería más fácil para Hamilton. Su ex rival en GP2 Series había llegado hasta la punta de la carrera gracias a la estrategia flexible con la que el Rombo inició el recorrido. Nelsinho, nacionalizado brasileño, había parado en boxes antes de la aparición del auto de seguridad y luego de la interrupción la escuadra decidió que aquella detención había sido suficiente y lo mantuvo en pista hasta el banderazo. El hijo de Nelson, el tricampeón, enfrentó su máxima prueba hasta el momento. Ningún piloto de Renault había subido al podio este año y Nelsinho llegó a su país de nacimiento con seis abandonos en nueve fechas y sólo un final con puntos (séptimo en Francia).
Otra vez en la horquilla de segunda, a unos 70 km/h, Hamilton ganó la posición. Piquet nunca creyó en la utopía de la victoria y sí, en cambio, entendió que sólo con mantener el ritmo en esos giros finales sería suficiente para contener a Massa, que parecía más preocupado por el local Nick Heidfeld, otro que ganó puestos gracias a su estrategia durante la intervención del auto de seguridad. Kovalainen y su compatriota Kimi Räikkönen fueron diluyéndose según pasaron las vueltas. El campeón llegó en la posición en la que partió, pese a buenos sobrepasos al sorprendente Sebastian Vettel y Fernando Alonso (11º luego de un trompo, no sumó por quinta ocasión en 2008).
Con ocho carreras por delante este año, Hamilton acumula la misma cantidad de victorias que las conseguidas en toda la temporada 2007. Después de una sobresaliente demostración bajo el agua en Silverstone, el octavo triunfo de su campaña de 27 carreras no será uno más en los números: contó con valor agregado.
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